Yo la vi sacando un sobre dibujado de su bolso, mientras una triste lágrima borraba el maquillaje de sus ojos. Aquella carta acabaría en mi buzón con una confesión de amor, decía: “no abras esta carta hasta que salgan las estrellas y así cuando la leas yo ya estaré con ellas”. Mi pulso se paró y mi corazón gritó tanto por dentro que me tembló todo el cuerpo.
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